El cáncer tiene muy mala fama, mala fama muy bien ganada por cierto. Su diagnóstico se suele asociar a una sentencia de muerte precedida por aberrantes tratamientos que parecieran ofrecer más dolor que cura. El cine no ayuda mucho a la hora de enfrentar la noticia de un cáncer, hay cientos de películas que muestran un panorama ciertamente desolador, lleno de amorosos mensajes para quienes no padecen esta enfermedad, pero casi siempre lapidario para quien la padece.

Pero no creamos todo lo que sale en las películas, estas suelen sacar morboso provecho de puntuales situaciones. No sólo hay muchos tipos de cáncer que pueden encontrarse en diversas etapas, sino que también hay distintas personas que reaccionan de maneras diferentes a los tratamientos, a la  enfermedad y a los vaivenes emocionales que esta provoca.

En la travesía del cáncer debemos aprender que la experiencia de los demás no necesariamente es igual a la nuestra, las estadísticas no reflejan lo que nos ocurrirá, sino tan sólo un promedio de lo que puede que ocurra. Cada uno de nosotros es una persona única, genial y especial, las experiencias de los demás pueden ayudar, pero nunca condicionar.

Recibida la noticia de un cáncer, entremezclado con el miedo nace la esperanza. Esperanza es esa maravillosa cualidad que tenemos los seres humanos que nos hacen creer en un futuro mejor. La esperanza nos da fuerza, energía y sanación. La esperanza es algo a lo cual debemos abrazarnos. No permitas que ningún médico, ni artículo en internet, ni ¨bienintencionado¨ amigo te arrebate tu esperanza de un futuro. Ten siempre la esperanza de un nuevo y renovado día, de pequeños disfrutes, de risas alegres, de cielos despejados. No le creas a nadie, cree en ti, tu puedes, tu sabes, tu eres tu propio maestro, tu eres el dios de tu vida.

Abraza con pasión tus creencias espirituales, sean estas  las que sean, pide sentir la  vida día a día. Mientas estés aquí, mientras quede una gota de aliento en tu cuerpo,  ¡¡No Sobrevivas, Vive!! Tu no eres una persona enferma, tu eres un maravilloso ser viviendo la experiencia de una enfermedad. Escucha bien: tu no estás enfermo, tu no eres tu cuerpo, tu eres mucho más que eso, tu eres un chispa divina brillando en la eternidad, viviendo una experiencia corporal y temporal.