Desde que tomamos conciencia de nosotros mismos, estamos recibiendo sugerencias que debemos cambiar, que debemos mejorar, nos enseñanza que algo está mala en nosotros. Somos algo así como un animal salvaje que debe ser domesticado para ser apto para vivir en sociedad. Podríamos argumentar que esto no es tan  malo, pues efectivamente para sociabilizar en paz y armonía,  debemos ser capaces de respetar ciertos límites y códigos culturales. El problema es que junto con recibir este entrenamiento exterior, vamos construyendo en nuestro interior la voz de un juez que nos dice que somos inadecuados, que actuamos incorrectamente, que no somos lo suficientemente inteligentes o bellos o atléticos o generosos o espirituales o ambiciosos o lo que sea.

A partir de ese momento, nos pasamos la vida intentando ser diferentes, mejores, queremos cambiar, crecer. Nos proponemos ser más de algo o menos de otro.Podemos proponernos propósitos de cambio para el próximo año, para después de las vacaciones, para iniciar una nueva relación o trabajo.

Cambiar es natural, todo a nuestro alrededor cambia, pero cuando forzamos el cambio inspirados en un acto de desamor, lo que normalmente obtenemos es resultados pobres, frustrantes y lo que es pero, le damos más tribuna a la voz de juez interno que continua sembrando culpa y exigiendo auto castigos emocionales.

Recordemos día a día que aún somos tal y como Dios nos creo, a su imagen y semejanza, cualquier distorsión que veamos al respecto es simplemente una apreciación realizada con nuestra escueta capacidad de observar

¿Qué pasaría si en vez de intentar cambiarnos continuamente, dejamos que el cambio ocurra? Qué pasaría si aprendiéramos a conocernos lo suficiente como para saber que nos limita y que nos potencia? ¿Y si tan sólo nos respetásemos lo suficiente como para amar lo que somos y sentimos y construimos una bella vida en en torno a ello y observamos si algo cambia?

♥Necesidad de cambiar implica juicio y juicio es lo opuesto al amor.♥