Hace unos 25 años atrás opté por una dieta vegetariana, en una época que pocos hablaban de ello,  mi estomago digería muy mal las carnes rojas y no me parecía atractivo ni la crianza ni la matanza de animales para mi alimentación, resultó fácil preferir todo tipo de ensaladas, frutos secos, cereales y verduras. Ejercicio, dieta sana, no fumar, ni beber , no a los excesos, si a los equilibrios,  eran sólo parte de las diarias costumbres que he practicado todo este tiempo.

Provengo de una amorosa familia, siendo la menor de seis hermanos fui mimada y consentida. He, además, formado  una hermosa familia de cuatro maravilloso hijos, dos nietos, junto a un gran compañero que me presta apoyo incondicional. ¿Mi vida ha sido perfecta? No, para nada, ha sido una vida bien vivida, he tenido penas y alegrías, he llorado y he reído, he tenido crisis de la cuales he aprendido, me han fortalecido y ayudado a reinventarme.

Desde hace ya más de 18 años que me dedico a mi camino espiritual de jornada completa. En estas ya casi dos décadas de crecimiento personal he practicado meditación, técnicas energéticas, imanes, constelaciones familiares, he explorado mi mundo interior con diferentes y variadas técnicas, incluida la hipnosis, PNL y otras muchas hierbas.

¿Por qué les cuento esto? porque en mi vida actual no hay ni viejos rencores, ni penas no lloradas, ni emociones retenidas que, como dicen muchos textos que proclaman pseudoverdades, provocan  cáncer. Las causas del cáncer son multifactoriales, deben conjugarse cierta disposición genética, presencia de ciertos agentes patógenos, cruce de ciertas circunstancias de la vida que se conjugan para que el cáncer, siempre latente, se manifieste. En realidad, aún la ciencia no  ha podido detectar el momento exacto en que una célula de un tipo comienza a ganarle terreno a otra de otro tipo, simplemente sabemos que ocurre.

No tengo idea, cuándo ni por qué ni para qué me dio cáncer, pero si tengo certeza de que el cáncer, pese a su mala fama,  es sólo una experiencia más y no una condena, experiencia bastante estigmatizada, por cierto, pero no diferente a muchas experiencias que el vivir nos regala.

Tener cáncer no significa nada. Sufrir por tener cáncer o cualquier otra experiencia con nuestro cuerpo, sufrir por estar en una larga cola en el banco, por tener conflictos con alguien, por estrés, por viejos rencores, por carencias de cualquier tipo, por preocupaciones, por soledad, por críticas, porque las circunstancias no son como queremos, por ser de tal o determinada forma. Sufrir en cualquier medida, intensidad o motivo significa que estamos optando por desperdiciar este momento por considerarlo inadecuado, insuficiente, incorrecto.

Lo real es que cada momento simplemente ES, como la vida misma. Perdernos momentos es simplemente una elección involuntaria sin ninguna importancia ni relevancia. Recuperar un momento perdido es un MILAGRO.