La Voz de Nuestro Padre Interior

Por Vivian Borchers

padreLa figura paterna presente en nuestras vidas o en su defecto la figura masculina que lo sustituyó, quedó fuertemente grabada en nuestra psiquis. Puede que consideremos a esa figura como un modelo a seguir o, por el contrario, puede que su recuerdo nos invite a comportarnos de manera absolutamente opuesta.

Como sea, por efecto por defecto, en nuestra psiquis en forma de comandos inconsciente vive un padre interior cuya voz en ocasiones es cálida y afectuosa y en otras es autoritaria y descalificadora. La voz de nuestro padre interior aflora desde lo más profundo de nuestro inconsciente alentándonos a concretar y atrevernos o bien, criticándonos e insegurizándonos.

Honrar a padre y madre, suena más a una instrucción moral que a un consejo de bienestar, pero más allá de los padres que nos hayan tocado o hayamos escogido, como prefieras creer, una psiquis sana y en armonía con su historia es bastante más llevadera y amorosa que viejos rencores o antiguas carencias coleccionadas como rocas en nuestra memoria.

¿Cómo podemos darnos cuenta que la voz de nuestro padre interior, requiere un amoroso refresh?

Un Curso de Milagros nos invita a prestar mucha atención, a mantenernos en un continuo estado de observación, no de lo pensamos ni de lo que decimos, sino de lo que sentimos. Poner atención a lo que sentimos requiere algo de práctica, mucho de honestidad y nada de juicio. Observar, esperando encontrar algo no sirve, sólo la mirada atenta y sin juicio de alguien que se ama a si mismo, nos permite sanar nuestras contradicciones internas.

Arquetípicamente, la figura sana del padre nos brinda las estructuras, confianza en nuestras capacidades, poder, autoridad y objetivos claros en la vida. Observa lo que sientes cuando tomas decisiones, cuando emprendes, cuando ordenas tus cuentas, cuando tienes compromisos que cumplir, cuando te equivocas, cuando te falta o sobra don de mando. Sólo observa, no intentes corregir ni evaluarte, presta mucha atención a las señales que te da tu cuerpo. Si notas cualquier rastro de stress, ira o miedo, detente un segundo respira profundo e invoca al Espíritu Santo para que lleve luz a cualquier contradicción interior que haya en ti.