Hace poco más de un año y medio que me diagnosticaron cáncer. Luego de un largo y pesado tratamiento y en medio de celebraciones el cáncer rebrotó fuertemente donde nadie esperaba, desde entonces he recibido 6 quimioterapias, 30 radioterapias, me practicaron una lobectomia parcial de pulmón y me han realizado 7 radiocirugías al cerebro, en este momento recibo tratamiento oral.

En todo este tiempo la compañía de personas queridas ha sido fundamental para mi caminar. Mi esposo, pilar fundamental, mis hijos, nietos, hermanos, amigas, amigos, primas y muchas, muchas personas que han orado por mi y que han estado pendientes de mi proceso. Siempre he contado con alguien que me acompañe a mis tratamientos, me escuche, me haga reír o simplemente se quede en silencio a mi lado. La compañía de los demás ha sido fundamental a la hora de sonreír en este muchas veces ingrata experiencia.

Pero esta oleada de cariño, tiene a su vez de dulce y de agraz. Cuando me diagnosticaron cáncer muchas personas quisieron apoyar y ayudar, es más, no sabía que conocía tantas personas que supieran tanto de cáncer. Mis redes sociales se llenaron de mensajes con datos sobre plantas, terapias alternativas, nombre de doctores, artículos sobre tratamientos de punta, links a páginas sobre el tema y todo tipo de información difícil de digerir. Yo estaba confundida y asustada, debía escoger un camino y escogerlo rápido, esa verdadera avalancha de información sólo consiguió aumentar mi  angustia. Durante un buen tiempo, me enojó mucho la insistencia con que las personas parecían sentirse más doctas en el tema que mi equipo médico. Me costó comprender que eran sólo actos de cariño y que así debía aprender a recibirlos.

A pesar del tiempo que ha pasado y que esa primera reacción transversal de acercamiento se ha aquietado, quedando el espacio de compañía ocupado por los cercanos y fieles de siempre. Aún recibo un par de ¨datos¨ a la semana, pero  he aprendido a dar las gracias y recibir la información con agrado.

Con gusto, placer y la mejor de las disposiciones acepto  todos los reiki, las cadenas de oraciones, las estampitas con novenas para rezar, los frascos de agua bendita, cristales, operaciones psíquicas, maestros brasileros,  etc. que las personas amorosamente me hacen llegar y regalan. Como les digo a mis amigas si no lo tengo que tragar ni moverme de mi casa estoy dispuesta a intentarlo todo.

Este camino está lleno de aprendizajes, puedo ver en la actitud no siempre empática de los demás, las mismas actitudes que alguna vez yo también tuve a la hora de acompañar a alguien que lo estaba pasando mal. He tenido que aprender a vivir con cáncer, así como hace casi 17 años atrás tuve que aprender a acompañar a alguien que tuvo cáncer.

Una lección importante que me queda de esta travesía,que sirve para muchos ámbitos de la vida, es aprender a reconocer el amor que impulsa las acciones y no prestar atención en la forma de dichas acciones. El acto fue motivado por amor y con eso me quedo, pues el amor es lo que alimenta mi alma y me ayuda a vivir cada día con alegre motivación.