Tiempo, tiempo, tiempo….

Por Vivian

Mi doctor dice que, con los recursos médicos que existen hoy, no puede ofrecerme curación pero que sí puede darme tiempo. Algunos años, dijo. ¿Cuántos? No sabe. Para tener tiempo necesito tomar una nueva droga que no está en Chile, pero que un laboratorio importará gratuitamente para mí. ¿Cuándo? Luego. Sólo necesito tener paciencia durante un tiempo, ya llegará.

Suena duro, pero en realidad todos vivimos sujetos a esa incerteza temporal. Nacemos con una cuenta de ahorro que parece estar repleta de horas, días, meses y años, pero que inexorablemente comenzará a agotarse. Si bien todos en cierta medida, tenemos claridad de la finitud de nuestro tiempo, vivimos como si el tiempo que nos queda fuera ilimitado, por lo tanto, podemos derrocharlo y malgastarlo haciendo mil y una cosas que no nos agradan y lo que es peor, posponiendo una y otra vez lo que sí nos agrada, incluidas las demostraciones de afecto y los perdones que tanto calman el alma.

La gran diferencia entre una persona que experimenta un cáncer en etapas avanzadas y una persona ¨sana¨, es que yo tengo una rotunda certeza de mi incerteza, puedo ver la arena del reloj cayendo, si bien, igual que tú, no tengo idea de cuánto tiempo me queda. Uno, tres, quizás diez años, dijo el doctor.

Esto me lleva a experimentar el tiempo de una manera completamente diferente. Ha pasado un año y medio desde que me detectaron cáncer, parece que fuera ayer, pero también parece que fuera hace cien años. Han pasado tantas y tantas cosas, he sentido tantas y tantas emociones, he recibido el cariño de tantas y tantas personas, que a veces pienso que el tiempo es como una especie de cono que se repliega en sí mismo para volver a expandirse. He percibido minutos como días y días como minutos.

Pero más allá de las reflexiones filosóficas e infructuosas respecto a la inexistencia del tiempo y la eternidad de la vida, lo que puedo comentarte es que ya no estoy dispuesta a mal gastar mi recurso tiempo. No quiero estar molesta con quienes amo, ni con la suerte, ni con el pasado ni con la muerte, no quiero renegar, ni soñar, no quiero tener fe en el futuro ni esperar a que las cosas se solucionen. Quiero sacarle el jugo a este minuto contigo, quiero vivir este momento como si fuera eterno, no pensando que durará para siempre, sino en la claridad que no hay más que el presente y que no lo voy a despreciar lamentándome ni preocupándome en ninguna de las importantes cosas que el sistema dice que debieran importarme.

La vida palpita en mi interior, arriba, al lado, abajo y todo a mi alrededor. Sentada en el trono de mi Viviandad, con una sonrisa en la cara, me prometo nunca más perderme tan magnifico espectáculo.